La tarde avanzaba lenta, espesa, con ese calor que vuelve todo más intenso en Guadalajara. La llamada nunca se concretó. La pantalla quedó en silencio, pero la mente no.
Chucho y el Moreno existen más como personajes que como presencias reales. Son símbolos de una narrativa urbana donde el cuerpo, el deseo y la identidad se mezclan con humor, exageración y una voz profundamente local.
No hay conexión, no hay transmisión, no hay testigos. Solo una historia que se arma en la cabeza, alimentada por imágenes culturales, referencias callejeras y la imaginación desbordada de quien observa.
Lo que parecía una escena concreta se revela como lo que siempre fue: ficción. Una exploración del deseo desde la palabra, no desde el acto. Un ejercicio narrativo donde el lenguaje empuja los límites, pero no los cruza.
Porque a veces el verdadero punto no es lo que ocurre, sino lo que podría haber ocurrido.