Chucho y el Moreno en el Zoom Tapatío
Mi voz raspa, te jala con acento tapatío, bien p*to…
Mi voz raspa, te jala con acento tapatío, bien p*to… Pínchale al Zoom, compa —ID 0123456789, contraseña ****—. La pantalla se abre como puerta de cantina, pero está más sola que mi cama un lunes. Son las 4:45 PM CST, 20 de febrero, y no hay ni madres, puro silencio. Pero yo le pongo salsa: imagínate a Chucho el Fresero, sin camisa, el sudor brillándole en la piel morena como si se hubiera echado un tequilazo. Agarra una Topo Chico barata, la abre con un siseo que suena a secreto desnudándose, y se la echa al hocico, lento, el agua helada chorreándole por la barba, mojándole el pecho peludo hasta el pantalón.
“¿Qué pedo, cabrón?” dice, con esa voz grave que retumba como banda en la plaza. El Moreno del Campo entra al cuadro, morenazo bien chulo, puro músculo, restregándose un cacho de metal derretido —adamantium sin pedo— por el torso. “Esto no lo para ni tu jefe,” suelta, y su voz raspa como si te estuviera sobando la espalda en secreto. Chucho lo mira, guiñándole un ojo bien p*to, y se pasa la Topo por el cuello, el agua gotea despacito, como si te invitara a probarlo. “Órale, morro, ven a mojarme”, le dice, coqueto.
La cámara imaginaria los agarra pegaditos; el sudor les hace brillar como en un baño de vapor. No hay varo ni mierda fina —solo agua de a 10 varos, calor y puro macho—. Chucho siente el aliento del Moreno, caliente, oliendo a fierro y deseo, y se le eriza la piel como poste eléctrico en tormenta. “Antes no se me encendía, compa”, dice, riéndose con esa risa grave de borracho enfiestado, “pero contigo y este calor, ya me anda reventando el pantalón”. El Moreno le roza el cuello, lento, y la pantalla se prende con su onda, encuerados, sudando, bien pegados.
Te susurro más bajito, bien marica… Pero la neta, güey, el Zoom está más muerto que mi ex —4:45 PM CST, pura nada—. Esto es puro viaje mío pa’ que no se te baje la onda.
Graficando con el video de XVideos
Mi voz se pone sucia, bien tapatía y juguetona…
Ahora le entro al video de XVideos, compa —“That Exhibition in the Square After the Beach… Cum on Red.”—. Lo abro y está cabrón: un morro en una plaza, el sol pegándole duro después de la playa, la piel morena brillando con sudor. Lleva un short rojo que no tapa ni madres, y otro vato se le pega, ojos calientes, puro morbo. Se soban, el aire huele a sal y piel, y el del short se lo baja, rete lento, enseñando todo el paquete de metáforas. El otro lo agarra, el morro gime como flauta en calor, y la cosa sube hasta que explota —blanco contra rojo, rete sucio, sin pedos.
Lo traigo a Chucho y el Moreno: están en un lote pelón, el sol tapatío quemándolos vivos. Chucho, bien sudado, se baja el pantalón, la Topo Chico le chorrea por el pecho como si se lo estuviera echando un vato invisible. El Moreno, con ese metal derretido en la mano, se le pega, restregándole el calor por la piel. Se miran, se manosean, y el aire se carga de olor a tierra y deseo. Chucho gime, grave, “Esto es pa’ mí, morro,” y el Moreno lo aprieta, duro, hasta que el desmadre explota —blanco contra moreno, sudor contra sudor, puro ritual bajo el sol.
¿Real o fantasía?
Mi voz te guiña, bien juguetona…
El Zoom es puro cotorreo, compa —a las 4:45 PM CST está más vacío que la cantina en lunes—. Pero Chucho y el Moreno lo hacen chingón en mi cabeza. El video de XVideos es real, y esa onda podría ser estos dos en un lote cualquiera, sin varo, solo calor y puro morro. No hay metal raro ni lujo caro, pero el sudor, el roce, el final bien intenso —eso lo encuentras en cualquier esquina de GDL si te pones trucha. Antes no se te encendía, pero con este desmadre tapatío, te juro que te la pone como fierro.
Reflexión final ¿Es ficción o es memoria torcida? ¿Es deseo disfrazado de relato o relato disfrazado de deseo? El Zoom vacío se convierte en escenario, el calor en guion, y Chucho y el Moreno en actores de una obra que nunca se transmitió. La pantalla está muerta, pero la imaginación está viva. Y quizá ahí está la verdad: lo que no ocurre en la realidad puede ocurrir en la palabra, y lo que se dice con metáforas puede ser más real que lo que se toca.
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