
El diablo siempre ha sido una figura útil. No como entidad religiosa, sino como símbolo. Representa lo que incomoda, lo que rompe normas, lo que no encaja del todo.
En RedRogue, esa figura aparece más como una metáfora que como un personaje. Es la voz interna que cuestiona, que exagera, que se burla de lo correcto. La que empuja a escribir sin pedir permiso.
Provocar no siempre es destruir. A veces es simplemente señalar lo que otros prefieren ignorar. La creatividad nace muchas veces de ese lugar incómodo, donde no todo es aceptable ni todo es fácil de explicar.
Este diablo no seduce ni condena. Observa. Y escribe.
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